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CONVIVIALITA' NELL'ERA DEI SISTEMI

LA CONVIVIALITA’ NELL’ ERA DEI SISTEMI

Colloquio internazionale dei gruppi di lettura di Ivan Illich per parlare dell’ attualità del  suo pensiero nel mondo di oggi

Cuernavaca 30 novembre – 5 dicembre 2007

 

Mesa de profundización : “El sentido de la historia”

 

Cuernavaca Martes, 4 de diciembre, Auditorio SUMMA, Universidad La Salle

 

Participantes:

Coordinadora: Sylvia Marcos

Ponentes: Alicia Puente, Georges Voet, Aldo Zanchetta,  Renato Galicia (¿?)

Exposición de algunas raíces del sentido de la historia de Ivan Illich

 

Paul Celan e Ivan Illich.

Illich siempre manifestó una gran simpatía por la figura y la obra del poeta Paul Celan, al cual siempre volvía a leer.

     Celan había nacido en una familia judía de Cernowitz, la capital de la Bukavina, actualmente en Rumanía. Se hablaba alemán en casa y rumano en la calle. Gran parte de la familia Ancle (nombre del cual Celan es un anágrama) fue diezmada durante la segunda guerra mundial. En la Rumanía de la posguerra, el joven poeta se sostuvo algún tiempo traduciendo los grandes autores rusos al rumano. Luego emigró a Francia so pretexto de estudiar medicina pero estudio letras. Vivió el resto de su vida en Paris, casado con una francesa. Fue nombrado profesor de literatura alemana en la École Normale Supérieure, la institución académica más prestigiosa de Francia. De noche, Celan escribía poemas en alemán.

     Para entender la importancia de sus poemas para los alemanes de la posguerra, hay que decir algunas palabras de los proyectos de desnazificación ideados por los Aliados. Uno de ellos consideraba la posibilidad de esterilizar a todos los hombres alemanes para extirpar de raíz el supuesto machismo nazi. Otro, más benigno, proponía destruir todas las industrias de Alemania para transformar ésta primera nación industrial del continente europeo en bucólica nación campestre. Ninguno de estos proyectos se realizó, pero otro, mucho más modesto, se aplicó: puesto que el nazismo era supuestamente una ideología fundada en cierto vocabulario, había que suprimir del idioma alemán todas las palabras a las que los nazis dieron un sentido ideológico y prohibir su uso en las escuelas, los periódicos y las asambleas. La lista de estas palabras prohibidas se publicó bajo el título de Wörterbuch des Unmenschen, diccionario de lo Inhumano.

     La importancia de Paul Celan estribó en que hizo poesía con palabras expresivas, sin importar si figuraban en el W.d.U. o no. Hasta cierto punto, salvó el idioma alemán de un plan de desnazificación heteróroma. Toda una generación de pensadores y, particularmente, de historiadores, emprendió una auto-desnazificación que fue más allá de una simple auto-crítica. Lo que se puso en tela de juicio, atrás de la ideología nazi, es la ideología de los tiempos presentes. El resultado más notable de este gigantesco esfuerzo es el diccionario de los “conceptos fundamentales de la historia” o Geschichtliche Grundbegriffe[1]. Con ello, Brunner y sus colegas iniciaron una rama de la historia llamada historia de los conceptos o Begriffgeschichte.   

     Celebramos aquí a Ivan Illich, que con su muy personal genio, no solamente fue sensible a este esfuerzo, sino que contribuyó activamente a ampliar el campo de aplicación de la historia de los conceptos, realizando con ello su proyecto del tiempo de Cuernavaca de “hacer la epistemología de la crítica social”. Uno de los resultados es un libro colectivo que inspiró, y al cual contribuyó con un estudio de la historia del concepto de necesidades, el Diccionario del Desarrollo[2].   

     Pero antes de ahondar en ello, quisiéramos resaltar otro rasgo, anecdótico este, que lo asocia biográficamente con Paul Celan. En Brema, donde enseñó diez años en la universidad, ganó, como Paul Celan antes de él, la ciudadanía de honor. Sí, se volvió oficialmente ciudadano de esta ciudad libre hanseática donde tenía un público de fieles auditores que en ocasiones cruzaban toda Alemania para venir a escucharlo cada semana. Sus seminarios se acababan en cenas conviviales en su casa.

     Ivan Illich insistió siempre en practicar la historia como una disciplina que llamaba Zeitgeschichte y que consiste en ver el presente en el espejo del pasado. Si quisiéramos definir el quehacer histórico que Ivan Illich llamaba así, deberíamos considerar los siguientes puntos:

     Como historiador, Illich debe sin duda mucho a la gran tradición historiográfica alemana de la posguerra. Ésta se caracterizó por un  proceso radical de auto-desnazificación, mucho más eficiente que la desnazificación heterónoma impuesta por el miserable "Wörterbuch des Unmenschen" (“diccionario de lo inhumano” que prohibía el uso de términos como "sangre" o "suelo"). Como Paul Celan, Illich se aprovechó de la libertad de decir cosas que un ario puro no hubiera podido decir. Paul Celan hacía poesía con palabras proscritas por el W.d.U.

Ivan Illich escribió historia con amigos que habían pasado por un proceso de puesta en tela de juicio de las certidumbres de su cultura. Podemos caracterizar este trabajo auto-crítico según dos grandes vertientes:

 

I. Primera vertiente: ¿Quieres viajar en el pasado?

 

Para contestar esta pregunta, Illich elabora una actitud que en cierta forma recuerda  el método historiográfico de Otto Brunner y sus alumnos. Recordemos éste. Si quieres viajar a una época del pasado:

-           Primero tienes que “pasar al vestuario”: despojarte de tus atuendos conceptuales. La Historia de los Conceptos de Brunner es un  instrumento de historización de los conceptos.

-           Segundo tienes que familiarizarte con la época en que aterrizas, impregnarte de sus conceptos.

-           Luego tienes que interpretarla con los conceptos propios con los que te impregnaste, y no con los conceptos de tu época (ejemplo: la presencia de los muertos, el hecho de que el accidente de la muerte no quita necesariamente los derechos y menos la presencia de una persona).

-           Finalmente, al volver a tu época, tienes que abrirte a su absoluta extrañeza (por ejemplo: ¿donde están los muertos? ¡No es, de todas las clases, la más discriminada, puesto que se oculta?) Puedes ahora ver tu época en el espejo del pasado. La creación de este espejo era el fin de lo que Ivan Illich lamaba Zeitgeschichte.

 

     Illich fue conmovido por la radicalidad de los historiadores alemanes que tenían el valor de “pasar al vestuario”. El movimiento de auto-desnazificación que emprendieron no dejó la ideología moderna intacta: atrás de la crítica al nazismo de los años 1950, ya se asomaba una crítica radical del tiempo presente. 

     Actualmente, hay una especie de convergencia entre la herencia de Illich en Alemania, que es mucho más fuerte que en cualquier otro país, la herencia de la Historia de los Conceptos y la herencia de la Arqueología del Saber de Foucault. Los amigos de Illich leen ahora un libro que se encuentra en la confluencia de estas corrientes: el Glossar der Gegenwart [3] (glosario del presente). Ésta obra retoma más radicalmente lo que hizo Raymond Williams en Keywords[4], lo que, bajo la dirección de Ivan Illich, 18 autores de  9 paises diferentes hiceron en el Diccionario del Desarrollo y lo que hizo Uwe Pörksen en Plastikwörter, traducido al inglés bajo el título de Plastic Words[5].

     En  los tiempos de CIDOC, Ivan llegó a decir: "Quiero dedicarme a hacer la epistemología de la crítica social contemporanea". Es evidente que el lenguaje de la crítica social corriente es contraproducente, pero pocos tienen el valor de decirlo. Hay que limpiar el lenguage como Brunner se limpió del nazismo, nada, menos radical, es suficiente.   

 

II. Segunda vertiente:

Illich, precursor del estudio de la especificidad de la modernidad

 

     Cambiemos ahora de horizonte y comentemos algo que Illich debe sobre todo a Illich. Ahora bien, Illich nunca pretendió deber sus ideas a si mismo, sino que siempre tuvo cuidado de revelar sus grandes fuentes de inspiración. Nunca negó lo que debe a Karl Polanyi y también a Louis Dumont. Su intuición sobre la historicidad o mejor dicho la especificidad de la modernidad se agudizó en contacto con sus obras. Generalmente, la modernidad no se entiende históricamente, se usan categorías no históricas para hablar de nuestra época. Se siente que en cierta forma está en ruptura pero no se tematiza esta ruptura.

     Polanyi entendió algunos aspectos de la "marcha a la modernidad". Según él, es un proceso de "disembedding", de "desempotramientol", de "desincrustación". Es al mismo tiempo una absorción de todo los entramados de sentido por una nueva esfera, la esfera económica.

     Dumont, reconociendo  los méritos de Polanyi, definió la marcha a la modernidad como una pérdida de jerarquía, dando a este concepto un sentido reversible ("los primeros serán los últimos"); también la definió como un paso del “holismo" al "individualismo".

     Illich hizo también dos propuestas para captar la especificidad de la modernidad: paso del género vernáculo al sexo económico, que culmina en su definición de la marcha a la modernidad como una pérdida del sentido de la proporción, o sea como una ruptura con una tradición impregnada de proporcionalidad.

     Aldo Zanchetta es propietario de una librería convivial en Lucca, Italia. Es también el fundador de la Schuola de la Pace de Lucca en la inauguración de la cual Ivan pronunció su última conferencia (video a disposición de los participantes). El tema de esta conferencia fue "las paces (plural) de la gente". Estas múltiples maneras de “hacer las paces” contradicen sin vociferaciones los grandes esquemas de paz impuesta por un poder: pax romana,  Leviatán, globalización etc., que tienen en común una desconfianza absurda en  la capacidad de la gente de arreglarse las, “to come to terms”, como dice Marshall Sahlins. Aldo Zanchetta reivindica las "paces vernáculas" que los poderes quieren paralizar : salâm aleikum, shalom alechem. La represión de la “paces de la gente” ilustra la pérdida de la proporcionalidad en lo político.

     Con su amigo Matthias Rieger, Ivan Illich la ilustró también a través de la historia de la música.

          Renato Galicia es músico y matemático. Le pediremos ilustrar  este punto con una demostración en el monocordio, instrumento con el cual los antiguos explicaban  la noción de tetraktys, fundamento de las armonías, que son siempre aritmofónicas. Cada región tenía su modo (ethos). La música es tonos (tensión armónica) y nunca combinación de sonidos aislados. Aquí, el equivalente de la pax romana es la imposición de la temperatura por este gang de globalizadores que eran los Bach (sobre todo los hijos). La temperatura es el equivalente musicológico del Leviatán. El invento que ilustra mejor las ambiciones totalitaria de la temperatura es el piano forte, un artefacto ingenieril que sirve para producir notas aisladas indefinidamente combinables mecánicamente. Lo que hace la temperatura – y que ilustra el piano -  es repartir una disonancia en toda la escala para crear, no armonías, sino acordes "sin-fónicos" hasta el infinito. Ofrece  una imagen musical de la globalización: se violenta el ethos, et tono de cada ethnos para crear una falsa consonancia universal.

 

PS.

Me imagino que Georges Voet podría hablar del “miedo vernáculo como elemento de cohesión social o quizás del pez volador, una de las metáforas para el hombre que “está en  este mundo” sin “ser completamente de el”.

Me parece que Alicia Puente podría ilustrar la marcha destructiva a la modernidad desde la perspectiva de México. 

 



[1] Otto Brunner et al., compiladores,  Klett-Cotta, Stuttgart, 1984

[2] Wolfgang Sachs, compilador, Diccionario del Desarrollo. Una guía del conocimiento como poder, PRATEC, Proyecto Andino de Tecnologías Campesinas, Lima, 1996. (Original: The Development Dictionary. A Guide to Knowledge as Power, Zed B ooks, Londres 1992.

[3] Ulrich Bökling, Susanne Krasmann et Thomas Lempke, Glossar der Gegenwart, Suhrkamp, Frankfurt, 2004 (12 Euros).

[4] Keywords : A Vocabulary of Culture and Society, Fontana, Londres, 1975.  

[5] Uwe Pörksen, Plastic Words, State University of Pennsylvaina Press, State College

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